El magnesio para la salud.

En la anterior entrada hablábamos de las proteínas como algo esencial e indispensable para la vida y ya adelantaba que el magnesio participa activamente en la formación de todas las proteínas del organismo.

Magnesio

El magnesio, en nuestro medio, se encuentra principalmente en las semillas. También está presente en las plantas verdes, que lo utilizan para fabricar clorofila. Pero desde que en los años 50 se vienen utilizando en España abonos químicos como el fósforo, nitrógeno o potasio, estos han provocado una desmineralización del suelo. Esto implica que los vegetales hayan perdido la capacidad de absorción de magnesio necesaria y suficiente para nuestra dieta. Además, conviene aclarar que en contra de la creencia común, no son las partes verdes de los vegetales las que nos suministran fundamentalmente el magnesio de la dieta, sino los frutos y semillas y en el caso de los cereales, la envoltura de estos. Así pues, mientras que la escarola contiene 12 miligramos de magnesio por cada 100 gramos de alimento, la lechuga 10,5 o los garbanzos 36,2, la harina de soja contiene 235, las almendras 252 y el cacao en polvo 420 miligramos.

Otras causas de la disminución de la cantidad de magnesio en la dieta moderna son el auge de harinas blancas en todos los productos de panadería, confitería, pastas de tipo italiano, etc. y el uso generalizado de una sal en la que se precipitan las sales magnésicas para poder obtener un producto seco, fino, fácil de almacenar y cómodo en su uso, pero que ha perdido un importante aporte de magnesio.

Pero, ¿cómo podemos detectar que tenemos una carencia de magnesio?

Quien no ha sufrido alguna vez calambres, contracturas, un tic en el párpado, sensación de falta de aire, taquicardias, arritmias… Estas son algunas de las señales que nos envía nuestro cuerpo para avisarnos de la falta de este mineral. Además, íntimamente relacionados con estos procesos aparecen otros síntomas, ya que el magnesio interviene en:

  • La relajación muscular, y su deficiencia ocasiona calambres y contracturas incluso en los músculos respiratorios. Puede afectar al diafragma y provocar hipo, o al intestino y supondrá tener colon irritable y/o desarreglos en la evacuación diaria. También puede ocasionar zumbidos en los oídos, temblores en las manos (o en cualquier otra parte del cuerpo), vértigos, dolores en la columna vertebral, dedos blancos y, sobre todo, cansancio, ese cansancio que no se entiende a que es debido.
  • La formación de todas las proteínas del cuerpo humano, así su deficiencia implica malas digestiones, tendencia a padecer infecciones (resfriados, cistitis, bronquitis, etc.), mal funcionamiento del sistema nervioso. Además no se regeneran los tejidos de manera correcta, ocasionándose un desgaste en los cartílagos, un debilitamiento de los tendones y una falta de matriz orgánica en los huesos, que es lo que da lugar a la osteoporosis. Pero sobre todo el hueso pierde la flexibilidad que le proporciona el colágeno aumentando los riesgos de rotura.
  • Influye en la formación de cristales de oxalato cálcico en los riñones: se ha comprobado que la presencia de una cierta concentración de magnesio inhibe la precipitación de oxalatos y en algunos casos, la administración de sales de magnesio consigue que se disuelvan piedras ya formadas.

Son muchos los síntomas que pueden estar presentes en un déficit de magnesio, pero para resumir citaré unos cuantos:  hipermotividad ansiosa, sensación de bola y opresión en el pecho, cansancio de la voz, bloqueo de la respiración, temblores, crisis nerviosas, dolores de cabeza (sobre todo en la nuca), vértigos, insomnio, lipotimias, astenia, fatiga visual, palpitaciones, hipertensión, trastornos digestivos, fragilidad en las uñas, caída de cabello, problemas bucales, deficiencia sexual, pérdida de control del esfínter de la vejiga, inflamaciones de próstata, manifestaciones alérgicas y problemas relacionados con el esqueleto y la descalcificación ósea.

Por todo esto, hay que procurar aportar a nuestro organismo el magnesio suficiente para evitar o minimizar estos síntomas. Por medio de unadieta equilibrada:lactato-magnesio

  • Desayuno: embutido como el jamón york, huevos, zumo.
  • Comida: carne, pasta, verdura.
  • Cena: pescado, que puede ser fresco, congelado o de lata. El pescado en aceite de girasol aporta ácidos grasos omega 6 y omega 3. El menos recomendado es el aceite vegetal ya que son aceites de coco o de palma que contienen ácidos grasos saturados que nuestro organismo transforma en colesterol.
  • Entre comidas: zumo o fruta.

Y también con aportes del mineral por medio de comprimidos o polvos (tipo Ana maría Lajusticia) fáciles de conseguir en cualquier herbolario o tienda online y siguiendo sus indicaciones.

Como siempre aconsejo, es conveniente visitar al especialista, ya que estos síntomas pueden estar asociados a otro tipo de problema y procurar tener hábitos sanos y practicar algún tipo de ejercicio.

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